jueves, 26 de junio de 2008

viernes, 20 de junio de 2008

¿En qué momento?

¿En qué momento pasa de alegría a histeria?

¿En qué momento pasa de enfado a ira?

¿En qué momento pasa de sospecha a obsesión?

¿En qué momento pasa de iniciativa a manipulación?

¿En qué momento pasa de acuerdo a docilidad?

¿En qué momento pasa de confianza a ingenuidad?




Tan cerca, pero tan lejos.




¿En qué momento pasa de curiosidad por saber de qué va la nueva entrada de esta tía a hastío porque os estoy rayando? Ahora mismo

martes, 17 de junio de 2008

Mi Sweeney Todd personal

Día de sol. Calor.

Un calor sofocante invade el local, provoca que me suden las manos y se me resbale la plancha. Casi le aso la oreja a la tía. El olor de la laca me aturde, pero la idea de los cincuenta euros que la mujer esta me iba a soltar bien vale el seguir con mi trabajo. Oigo el timbre, 50 euros más esperan fuera para entrar. Me giro para ver quién a través del cristal. ¡No! ¡Oh, no! ¡Ella no! ¡Mi pesadilla ha vuelto!

Mierda. Esa masa de pelo enredado, fuente de interminable trabajo ha vuelto… Me va a tocar a mí, mi compañera casualmente se ha ido al baño al verla entrar.
- Ale, ya estás. – Por si no me ha oído, le palmeo la nuca cariñosamente.
-¡¿Pero qué coñ-?! ¡Dale un capón a tu abuela, imbécil! - pfff, siempre tienen que regruñir.

-¿Qué quieres hacerte? – cuanto antes empiece, antes acabaré. La chica me empieza a dar indicaciones. ¿Se cree una experta o qué? ¡Que no me cuente estupideces!
- Mira, guapa, con tu pelo se puede hacer lo que se puede hacer. – Le digo con airoso desdén. Está claro que no voy admitir en su cara que no me he enterado de una sola palabra.

La chica se sentó, humillada. No supo responder ante mi infinita sabiduría capilar, ¡ja! Se cree me intimida irradiando rencor y repugnancia a través de las dos rendijas en las que se han convertido sus ojos. Pobre inconsciente. En esta lucha sólo puedo ganar yo. ¡Toma tirón! ¡Ups! Un mechón de pelo menos. ¡Uy! Otro, qué peeeena…

¡Maldita!¡No acabaré de desenredarle el pelo nunca! Donde ya lo había desenredado vuelve a haber nudos! ¿Es que lo hace aposta o qué?! Mírala, como sonríe con malicia al verme perder la paciencia. Esto no va a quedar así, que lo sepas…

¡Muajajaja! ¡Toma contraataque! ¿Qué dices ahora, eeeh? Estás arrebatadora con el papel de plata en la cabeza y el tufo del tinte, ¿verdad? Sexy sexy. Heheheeee


Ya ha pasado un rato. Apenas puede respirar con los efluvios tóxicos (y psicotrópicos) del tinte inundando sus fosas nasales y la chica aún mantiene la poca dignidad que le queda… Digno rival. En un alarde de mi infinita magnanimidad le lavaré el pelo. Lo lavaré así rapidito y mal, que soy clemente, pero no tanto. Unos tijeretazos por aquí, unos toquecillos de espuma por allá y listo. Un nuevo esperpento made in muá.

Pero… no… algo falla. ¿Por qué sonríe mientras se mira? ¿Es alguna maniobra de distracción? ¡No será que le gusta! ¡Nunca le gusta como se lo dejo! Mmmmmierrrda… Le gusta…

Cris 1 - Capulla de las tijeras 0

miércoles, 11 de junio de 2008

Viva la Vida!

¡¡COLDPLAY HA SACADO NUEVO DISCO!!

¡Viva la Vida!

Ahora que pienso, sacado... lo que es sacarlo a la venta... pues no lo han sacado todavía... eeee... olvidemos esto XD

¡El caso es que han vuelto para deleitarnos una vez más con su música (decir celestial sería pasarse un poco) y ya lo he escuchado! No todas las canciones son bonitas, claramente, peeero las que sí lo son, lo son de verdad.

Obligatorio escuchar Viva la Vida y Lost.

Aquí os pongo las direcciones de unos vídeos del Youtube. Viva la Vida y Lost, respectivamente.



Como no hay videos de Lost interpretada por el grupo, pues pongo a un tío tocándola (que no -sela) en el piano. Se equivoca alguna veces, ¡pero, qué manos!¡Qué habilité! (Por eso no hay que tenerle muy en cuenta los grititos de perrito de la pradera en celo que suelta en el minuto 3'15"):




Long live Coldplay!!!

sábado, 31 de mayo de 2008

Verdadero (V) / Falso (F)

Hace tiempo que quería hacer esta entrada, pero ahora que me pongo, ya no me acuerdo bien de lo que quería decir. Poco importa, hay tanto en que pensar... (más bien memorizar porque lo que es entender... me parece a mí que no.)



Pocas cosas en esta vida son ciertas. Mentimos constantemente. De tantas formas como operaciones tiene Cher en la jeta.

¿Por qué?
Algunos mienten para salvar el pellejo o evitar broncas; otros dicen lo que se quiere oír; otros, viles farisaicos, disparan falacias directas a la diana (ésa que late, aclararé), etc, etc.

Hay muchas clases de mentiras... y llega un punto en que lo hacemos sin ser conscientes de que lo hacemos. Detalles falsos que dan una imagen errónea de nosotros.

Esta tarde habrá un chaval en Druni eligiendo un perfume, uno que huela a "hombre", uno que huela a lo que no huele él. Dicen que, en cada persona, la misma colonia huele distinto. ¿Y qué? Sigue sin ser tu olor. Olerás mejor que tú mismo, pero no olerás a ti.
No es que no me gusten los perfumes, pero los considero una mentira más.

Por la noche, todas nos maquillaremos para ofrecer una imagen que tampoco es nuestra. El maquillaje ensalza nuestra belleza, se dice: hace más profunda la mirada, más tentadores los labios, oculta imperfecciones... Apariencias.


Otras mentiras: máscaras de una permanente fiesta de disfraces.
Me refiero a actores que cumplen su papel sin que nadie sepa que lo son (o eso creen), a adoptar una actitud que no es la real, a ser quien no eres.
Cada actor tiene su razón: se ponen su sonriente máscara de extroversión para ligar, hacer amigos (que no estarán con el enmascarado por quién es, sino por quién dice ser)...; se escudan en un pasotismo aparentemente inexpugnable para evitar que les hagan daño...; se ponen la máscara de la mirada altiva, fingiendo una seguridad en sí mismos que no tienen...
Los que lo hacen bien obtienen una aceptación o éxito social que no merecen.

En fin.


Así pues, me doy cuenta de un pequeño detalle:

La verdad no vende.

viernes, 23 de mayo de 2008

Dimensión subterránea

Bajo unas escaleras. Le doy de comer a la máquina que, maldita, se deleita con el sabor del ticket sabiendo que tengo prisa. Lo escupe con un chirrido tras valiosos segundos (que una servidora decidió emplear en desesperarse: "que voy a perder el marítim jodeeerrrr"). Lo escupe, pero por la misma hendidura por la que lo había introducido. Pues no me da la gana esperar.

Salvado el obstáculo, bajo más escaleras (con una tía de las de la cabina gritando detrás mía, por haber pasado discretamente tras un gentil caballero). Me escondo, jadeando, junto a la máquina de Coca-Cola . Salvada, soy invisible, ¡ja!, estoy perfectamente camuflada: mi camisa, mi mochila y la máquina son del mismo color. Y espero con ansia la llegada de una de esas gigantescas latas rodantes para personas.




He llegado a la conclusión de que cuando bajamos al metro, se produce un pliegue espacio-temporal o alguna chorrada de éstas del universo. No nos habíamos percatado, pero el metro es una dimensión aparte.

Cuando bajas al metro, el tiempo se atrofia. Sufre un amorcillamiento o yo que sé qué hostias le pasa. Un minuto, que en la superficie de nuestro mundo pasa sin notarse; bajo tierra se alarga de tal manera que crees que alguien le ha dado al "Pause". Da la impresión de que formas parte de los cobayas con los que están probando una máquina del tiempo, y a ésta se le acaban de fundir los plomos .

Sí, ya lo sé: a menuda conclusión he llegado, pero es lo que pasa en el metro, que te da por pensar... (gilipolleces , cabe aclarar).


Claro, como no se tiene otra cosa mejor que hacer (mejor no hacer nada raro que los del experimento están observando), te da por mirar a la gente. Todos ahí parados, eeeheheheeee... perfectos para ser sometidos al vicky-escáner. Analizas a cada persona, y te das cuenta de que los roles se repiten.

Entre otros, destacan el guarro y las viejas.

En cada metro, siempre estará presente un guarro. El tío, pese a que el vagón está abarrotado, se encuentra de lo más ancho. Pensará: "mmm, mi eau de toilette Tengo-tanta-roña-encima-que-el-equipo-actimel-yace-en-paz funciona". Se levanta la camiseta y se rasca el ombligo sin percatarse de lo repulsivo que puede llegar a ser ese gesto . Sacude su frondosa melena al viento cual chucho mojado. Noto que se me ha metido algo en el ojo, me rasco, aparto el dedo y lo separo para ver qué era tan molesto proyectil. Un piojo me grita indignado, por haber sido echado tan inesperadamente de su lujoso adosado capilar.

Molesta por la injusta reprimenda del piojo, miro hacia otro lado.

Viejas (mujeres mayores si lo preferís, pero no lo uso en plan peyorativo). Por todas partes, y la gran mayoría (mi abuela no se merece que la meta en este saco) son exactamente iguales. Van en grupos grandes, para intimidar. Algunas deben creerse sioux en guerra a juzgar por sus pinturas. Acaba de parar el metro en Colón, pero la abuela-jefe-sioux ya va regruñendo que dejen paso que se tienen que bajar en Alameda.
- Bueno, tranquila, señora, ya nos apartaremos después, que aún no hemos llegado. - dice una mente sabia.
- ¡Hijo, déjanos pasar, que ya estamos mayores!- deben pensarse que lo de "somos mayores" es como si enseñaran un carnet del FBI y tuvieras que retroceder aterrorizado, sentirte culpable y traerles un sorbete, de paso, puestos a pedir...
- ¿No ve que no puedo moverme, señora? - la mente sabia intenta iluminar a la señora sin éxito.
¡Y ahí entra en juego el resto de viejillas!
- ¡Qué juventud ésta!- dice una.
- Ya no respetan nada!- la respalda la otra. Y todo el viajecito así, dándose la razón unas a otras con unas voces de una frecuencia impensable, hasta que finalmente se bajan del vagón entre empujones (se les escapa algún intento de capón a la mente sabia).


El metro no es aburrido, no, no, no.

Y no es cierto que tenga un efecto deprimente sobre los que lo usamos. La gente va seria, ¿y qué?, ¿es que cuando uno va solo por la calle, va descojonándose como si de una Heidi fumeta se tratase? Es mucho más normal sonreír, claro. Si fuésemos todos sonrientes sería mucho más tranquilizador, por supuesto. Todo lleno de gente que no se conoce de nada y que; sin embargo, sonríe histéricamente, de oreja a oreja, sin motivo alguno.
¡Eso da miedo, joder! Pareceríamos unos psicópatas! (Aún más)




El metro es un universo aparte.
Un universo intrincado del que seguiré hablando otro día (que mis dedos necesitan un descanso).









sábado, 10 de mayo de 2008

My weakness

Creo que no voy a comentar la foto. Temo que, si lo hago, me dé un arrebato incontrolable y la próxima vez que alguien me vea, en lugar de sinuosas curvas, lo que penetre en su pupila sea una masa amontonada pesadamente sobre sí misma: lo que vienen a ser las lorzas, vaya.

Lo dicho.

Me voy (a por un cachito de chocolate negro 77%)